No hay duda que la anestesia epidural (también conocida médicamente con el nombre de anestesia peridural) constituyó un importante avance como anestésico durante el parto, ayudando al bloqueo del dolor durante esta etapa. Eso sí, debemos tener en cuenta que está contraindicada en algunos casos: cuando exista un tatuaje en la zona de punción, en pacientes con enfermedades como cardiopatías u obesidad, y cuando la dilatación se encuentre muy avanzada.

Epidural y lactancia materna

Se convierte sin dudas en un auténtico alivio para muchas madres que están dando a luz, ya que ayuda a reducir o casi eliminar la sensación de dolor durante el parto, a la vez que actúa como tranquilizante, relajando la ansiedad de la madre precisamente al disminuir el dolor.

Dado que este tipo de anestesia ocasiona una sobrehidratación de los tejidos del cuerpo, es muy habitual que la mamá tenga dudas sobre si su aplicación afectaría finalmente a la calidad de la leche materna.

Lo cierto es que no se produce una pérdida de calidad de la leche materna en sí misma, ni mucho menos se trata de una anestesia peligrosa para el bebé cuando después del parto le das el pecho por vez primera.

Lo que ocasiona la anestesia es una sobrehidratación de los tejidos corporales, dificultando la llegada de las hormonas que estimulan la producción de leche a las células que encontramos en las mamas. Esto a su vez provoca que se produzcan ciertas dificultades en la lactancia durante los primeros días tras el nacimiento.

Imagen | Wikimedia

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